Desde hace
tiempo tenía el deseo de subir a la Colonia Tovar en bicicleta; la oportunidad
llegó y no dudé en aprovecharla; varias personas me preguntaron ¿Con quién
vas?, inmediatamente respondía con Dios; respondían: “¿solo?”, la respuesta
nuevamente era, solo no, con Dios; y efectivamente hay una diferencia grande
entre recorrer distancias (de tiempo o espacio) solos o con esa enorme e
indescriptible compañía.
El día sábado
primero de noviembre arrancó la aventura, saliendo a las 6:35 am desde San
Martín (Ccs), a las 6:46 am ya arrancaba con mucha alegría la subida desde La
Yaguara, con la inesperada sorpresa que la subida era demasiado fuerte para mis
condiciones físicas, que me sentiría mal incluso y que tendría que pararme a
comer enseguida y caminar un ratico con la bicicleta (esa situación tan hermosa
apenas en el Km 1), se te pasan muchas cosas por la mente, entre ellas: “¿Para
qué salí de bocón a decir que me iba en bicicleta?”, “Dios ayúdame que no puedo
solo” y otras cosas que ustedes se pueden imaginar y podemos conversar luego. El
aprendizaje: quiebra tu ego y camina un ratico con la bicicleta, luego otro
rato caminando, otro rato en bici, hasta que llegué al Km 4 donde está un
puesto de la Guardia Nacional y desde allí el camino fue muchísimo más llevadero
y retornó la sonrisa al rostro. Algunas anectodas: un rottweiler corrió tras de
mí y lo detuvieron para que no me hiciera nada, par de vehículos me bendijeron,
un BMW que iba tarde pasó a 80 Km/h y me salpicó de agua y otros hechos que son
parte de la vida. Realicé paradas cada 35 o 40 minutos para hidratarme; cada 90
minutos aproximadamente me comía un cambur.
A las 8:25 am
estaba en el Km 17 de la carretera La Yaguara – El Junquito; a las 8:50 am en
el Km 21; a las 9:05 am en el pueblo del Junquito, donde tuve la bendición de
conocer a Cheo y a Ramón en la Plaza Bolívar, conversar un poco sobre Dios y
sobre sus vidas, fue una gran bendición que renovó el espíritu y las ganas de
seguir adelante, me bendijeron agregando entre muchas otras cosas que tendría
un excelente viaje porque Dios iba conmigo, les preguntó sobre el camino y
agregaron que venía una gran subida hasta la Escuela de Policía; yo pensando si
superé la de los primeros kilómetros esta no debe ser tan difícil, y nuevamente
Dios tuvo que partir el ego, muy ruda la bendita subida.
A las 10:35 am
me detuve en un grato parador en el Km 30 aproximadamente a hidratarme y comer
un cambur, allí venden mondongo, cochino frito y algunas otras maravillas; me
la saluda Keny, luego hablo con Arturo que desayunaba una arepa gigante y
posteriormente pasa Kenia (madre de los muchachos) y me dice: “Deberías
regalarme esa placa de la bicicleta”, a lo que gratamente sorprendido respondí:
“Lo siento, hoy no podré, para la próxima traeré una para ti”, me dice que allí
colocan un cd de música cristiana todas las mañanas y empezamos a conversar
sobre lo hermoso que es dar las primicias del día para Dios, en agradecimiento
por la vida y todo lo que nos rodea y otra serie de cosas muy agradables;
inquieto por el Espíritu Santo tuvimos la oportunidad de orar por sus vidas y
por su negocio y con una gran alegría, lágrimas en mis ojos y el tanque
espiritual full continuó la rumba a pedal. Keny me había comentado que lo más
duro venia empezando “La Montaña de Dios”, resulta q dicha montaña es como 1 Km
de pura subida pero con un clima muy fresco y feliz.
Luego de eso
un camino sabroso y agradable, unas “Curvas Peligrosas” que a 45 Km/h mientras
el sudor de tu cuerpo con el frío te llenan de más adrenalina y alegría y a las
11:43 am luego de 49,85 Km de recorrido, llego al arco de entrada de la Colonia
Tovar, la alegría fue muy grande y recordaba el inicio del viaje y lo que me
hubiese perdido si hubiese decidido retornar y no “ser bocón”.
Al llegar al
sitio de hospedaje, el odómetro marcaba 58 Km, 4:01 horas de recorrido (hay que
sumarle los tiempos de descanso), una velocidad máxima de 54 Km/h.
Mi estadía fue
realmente bendecida en la Colonia Tovar, en par de oportunidades llegué a
pensar en enviar la bicicleta con unos amigos en carro porque no dormí mucho y
para compartir más tiempo con ellos; pero a las 5:30 am ya me estaba
despertando, a las 6:23 am ya estaba de retorno; a las 7:02 am en el arco de entrada de la Colonia Tovar compré a Orlando par de bollitos (pollo
y chicharrón) para llevar, a las 7:40 am aproximadamente me consigo con alegría a Arturo y a
Keny quien me dice: “Berro Mariano le echaste un camión de bo…”, les comenté un
poco sobre el viaje y mi agradecimiento y continué; dos kilómetros más adelante
me detengo para colocar la luz trasera producto de la densa neblina y pasa
Kenia en una camioneta y me grita: “Chao mi amorrr”, jajajajaja, más gasolina
anímica para el viaje. a las 8:25 am desayuné en un sitio hermoso en la vía, a
las 9:03 am estaba en pueblo del Junquito; a las 10:15 am estaba en mi casa en San
Martín con 56 Km y 3:08 horas de recorrido (sin contar las paradas); la bajada
desde El Junquito estuvo bastante fuerte,
mi bolso estaba pesado y en la bicicleta de ruta sufre más la espalda, pero muy
contento.
¿Aprendizajes?
Muchísimos; ¿Momentos difíciles? Varios; ¿Satisfacciones y bendiciones?
Demasiadas. Enormemente agradecido con Dios por ser mi principal patrocinante y
llenar mis caminos de tanto amor.
Quienes deseen ver las imágenes del viaje pueden hacerlo en mi página de fotografía:
Quienes deseen ver las imágenes del viaje pueden hacerlo en mi página de fotografía:
Mariano
Montilla

Sigue así. Felicidades. A veces olvidamos de lo que el espíritu humano es capaz.
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