Un año sin recortar ni un vello de mi barba, me permitió
incomodar a mucha gente, contribuyó a fortalecer mi carácter, ayudó a romper
un poco de religiosidad y ver que el incumplimiento del canon de “belleza
estética” suele inquietar más que tu situación espiritual, emocional,
familiar, etc.; entendí la necesidad de pedirle a Dios sus ojos, para ver a quienes me rodean, porque los míos suelen ser torpes y se infectan
con tanta publicidad.
Un año sin cuidar mi roja barba; me permitió profundizar en
la visualización de nuestros prejuicios como limitantes para el acercamiento a
personas que tienen muchísimo que aportar y
que paralelamente tienen muchísima necesidad de recibir gestos tan
valiosos como una sonrisa.
Un año sin cuidar mi barba me permitió tener a mi alrededor
gente que prioriza su belleza espiritual por encima de la física; gente que no
pasa horas en el espejo pero sí amando al prójimo; también me permitió darme
cuenta de mis prejuicios y aprender en colectivo a “amar”, lo cual va de la
mano de la tolerancia, en lo cual sigo entendiendo que necesito la ayuda de
Dios y de quienes me rodean, porque no puedo dar algo que no tengo y el amor
incluye incomodarte un poco para que todos seamos felices.
Un año con una incómoda barba me permitió mostrar que mi
sonrisa no depende mi apariencia, sino del Dios en quien creo y no se cansa de
decirme que me ama.
Uno de los retos del 2014 se acabó y pude lograr una parte
de las cosas por las cuales Dios me ha
estado incomodando; la diferencia entre la incomodidad que te genera Dios y la
que te genera el mundo; es que la primera llena de amor a lo que te rodea; la segunda
te llena de vanidad y frustración. Gracias por leerme, amarme y estar presente
en mi vida; que nuestro Gran Dios te bendiga muchísimo más.
Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu
enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os
maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y
os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que
hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e
injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No
hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos
solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues,
vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo
5:43-48 R.V.R. 1.960)
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