"Una gota de sangre en MTV,
un cadáver conectado a Internet,
Mona Lisa llorando en el jardín,
un licor de cianuro,
muera el futuro,
pasado mañana es ayer.
La enfermedad del corazón
tan mortal, tan eterna,
tiñe de amargura la aventura del yo,
peligros de la vida
moderna...." Fito Páez
Sin
duda todos somos afectados por los múltiples estímulos que recibimos de la era
actual, Simmel (1988) afirma que en el individuo metropolitano se intensifica el
estímulo nervioso producto del intercambio ininterrumpido de impresiones
externas e internas. Muchas personas de esta sociedad invierten su tiempo en
definir estas fuerzas que los coaccionan e inciden en sus decisiones y calidad
de vida, otros abocan sus fuerzas en resistirlas, otros en adecuarse a ellas,
transformarlas, y muchos en ignorarlas, algunos se ocupan otros sencillamente
se preocupan y se les va la vida en ello.
Para
Freud (1929) el propósito principal de la vida es la felicidad, esto se logra
evitando el dolor y experimentando intensas sensaciones placenteras; para
lograrlo se lucha contra tres adversarios: el cuerpo, el prójimo y la
naturaleza; ante los dos últimos adversarios se cuenta con la cultura que
protege al ser humano de la naturaleza y de sus iguales donde el orden, la
belleza y la limpieza son clave en sus producciones e instituciones.
Si
bien la cultura genera bienestar colectivo, su principio de justicia impone
normas que coartan las libertades de los individuos, lo que no siempre es de
agrado para aquellos que empiezan a interpretar la realidad de formas distintas
y a cuestionar el orden establecido.
Bauman
(2004) utiliza las metáforas sólido y líquido para referirse a dos tipos de
estados presentes en las sociedades, el primero caracterizado por su fortaleza
en la preservación de su condición a través del tiempo y las circunstancias, el
segundo caracterizado por su constante transformación y adaptación a los
estímulos que recibe; entender ambas caracterizaciones nos ayudará a comprender
no solo nuestra posición y niveles de resistencia ante los estímulos que
recibimos en la sociedad contemporánea, sino que nos ayudará a entender las
crisis y cambios que pueden estar sufriendo instituciones como la familia, la
escuela, la iglesia, etc.
Los
primeros sólidos que debían disolverse y las primeras pautas sagradas que
debían profanarse eran las lealtades tradicionales, los derechos y obligaciones
acostumbrados que ataban de pies y manos, obstaculizaban los movimientos y
constreñían la iniciativa. Para encarar seriamente la tarea de construir un
nuevo orden (¡verdaderamente sólido!) era necesario deshacerse del lastre que
el viejo orden imponía a los constructores. (Bauman, 2004,9)
De
acuerdo a Bauman deshacer esas instituciones consolidadas es un objetivo de la
era moderna, pasando del orden incuestionable y divino, al orden establecido
por la razón el cual garantizaría mayores libertades por el rol protagónico que
asume el ser humano, como lo dijo el mismo Freud: "El hombre ha llegado a
ser por así decirlo, un dios con prótesis..." (1929, 25), en nombre del
desarrollo y progreso (principalmente económico) se ha consolidado un nuevo
modelo de dominación y esclavitud donde lo común a todo es el dinero, donde el
único responsable de la felicidad es el individuo, que debe utilizar todas las
herramientas y libertades que le brinda este sistema para satisfacerse.
La
vida social no aparece ya entonces más que como el choque directo entre la
libertad de mercado, forma degradada de la razón, y las proclamaciones
identitarias, formas igualmente degradadas del individualismo. Estas dos
fuerzas son opuestas, pero se combinan para sustraer todo espacio de acción
libre a actores sociales y culturales cuya subjetividad ya solo es reconocida
como un resto del pasado." (Touraine, 2005, 110).
Tanto la libertad de mercado
como las proclamaciones indentitarias son relativas y dependientes del sistema
mundo, en esta era la constitución de la individualidad se genera producto de
la “comparación universal” y no a raíz de las referencias institucionales como
ocurría en las sociedades tradicionales o premodernas; cada personalidad o
grupo social formado sigue siendo producto del sistema dominante, solo que
ahora existe una mayor diversidad y complejidad por su conexión con un mayor
número de culturas, tecnologías y estrategias mediáticas de consumo, de
información y desinformación.
Asignar
a sus miembros el rol de individuos es una marca de origen de la sociedad
moderna... La sociedad moderna existe por su incesante acción
"individualizadora", así como la acción de los individuos consiste en
reformar y renegociar diariamente la red de lazos mutuos que llamamos
"sociedad". Ninguno de los dos socios dura mucho tiempo. Y por lo
tanto el significado de "individualización" sigue cambiando, tomando
siempre nuevas formas... (Bauman, 2004, 36)
Simmel
(1988, 49) expone que "Todas las relaciones emocionales íntimas entre las
personas están fundadas en la individualidad”; Beriain (2000, 10) explica que la integración en la sociedad
moderna ocurre por “diferenciación funcional”; Bauman (2004, 39) es insistente
en que “la individualización es un destino y no una elección.”; para Touraine (2005,
102) “la modernidad es lo contrario a la autocreación de la sociedad”; todas estas
afirmaciones son tan válidas como preocupantes y se evidencian mientras nos
trasladamos a través de cualquier medio de transporte en nuestra ciudad
capital, mientras caminamos por el bulevar de Catia, Sabana Grande o en
cualquier centro comercial; cuando intentamos entablar una conversación, una
amistad, un grupo de estudio, una relación de pareja; cuando buscamos conformar
un grupo para efectuar cualquier actividad que produzca riqueza espiritual y no
económica; hasta reunirse con la familia para almorzar se ha vuelto un lujo de
pocas veces al año; así como estos pudiéramos seguir dando muchos más ejemplos
de circunstancias cotidianas incómodas y en las que nuestra mente se ha
acostumbrado a actuar de manera egoísta para preservación de su integridad y
otras en las cuales no le es tan sencillo hacerlo, creyendo en la relevancia
del cuestionamiento propio para la visibilización de realidades y la inquietud
por generar nuevas formas de pensar, continuamos con lo siguiente:
Ante
un “yo saturado” (Gergen, K.) de compromisos laborales, sociales, diferencias
políticas con el gobierno de turno, problemas económicos, insatisfacción con la
belleza personal y la aceptada socialmente, un problema de salud de algún
familiar y una discordia con un compañero de trabajo, ¿A quién acudir? ¿A la
razón individual? ¿A las instituciones modernas a las que corresponda cada
problema?; ¿no era la cultura la encargada de ayudarnos con este malestar?; ¿se
debe acudir a Dios, al sacerdote, a la familia, al psicólogo o a todos incluyendo
al Facebook, al televisor y una vuelta por el centro comercial?; aunque un poco
irónico y caricaturesco este cuestionamiento es fácil que cualquier persona en
la actualidad pueda identificarse en dichos conflictos sobre su elección ante
el sufrimiento. Una modernidad que ofrece todo y tanto que simultáneamente no
ofrece nada más que productos para satisfacer deseos creados por el mismo
sistema y que se alejan muchísimo de las necesidades primarias del ser humano.
Podríamos cuestionarnos nuevamente, ¿Las respuestas de la modernidad ante la
crisis que genera son insuficientes? ¿Es necesario ir al dios de la modernidad
(material, incluso humano y basado en la razón), o al Dios antiguo (espiritual,
supraterrenal y basado en la fe)? ¿La religión también ha sido penetrada y
fragmentada por los males de la modernidad?
La
religión no solo es un cristal con el que sus creyentes observan el mundo, sino
que es el fundamento bajo el cual buscan orientar su vida y dirigir sus
acciones; si bien los estatutos o principios religiosos suelen poseer un
carácter “sólido” e inmutable, la modernidad occidental ha posibilitado no solo
más accesos a nuevas interpretaciones escritas y audiovisuales, sino que ha
incidido la manera de conocer, hacer y vivir las significaciones religiosas, es
decir, se han transformado los sistemas de expresión, crítica, organización y
transmisión de las creencias. Francois Houtar plantea que hay tres secuencias
en el estudio de sistemas religiosos:
La
primera secuencia es la representación de la relación con la naturaleza, la
segunda es la representación de las relaciones sociales de producción, y la
tercera es una referencia a la que podría llamarse un sentido global del hombre
y del universo o, en otras palabras una explicación del hombre en sus sentidos
individual y colectivo y del universo.
(Houtart, 2008, 66)
Estas secuencias o ámbitos que de
acuerdo a Houtart aborda la religión coinciden en gran medida con las funciones
que la “cultura” cumple de acuerdo a Freud para disminuir el displacer en el
ser humano. ¿Pudiéramos concebir la religión como una cultura sólida que está
luchando contra las fuerzas de la modernidad para preservar su carácter
inmutable?
Al
hablar de iglesia es difícil desprendernos de la idea de una estructura física
donde se reúnen grupos de personas a ejecutar ritos, cánticos, oraciones y
escuchar al predicador, a eso se ha reducido un importante porcentaje de las
iglesias cristianas evangélicas del país, muchas se han convertido en lugares
de oxigenación ante la contaminación latente del mundo exterior, muchos de sus
creyentes se sienten seguros solamente en sus hogares e iglesias, por ende
resignan su vida y socialización a esos espacios, varias generaciones han
crecido y vivido de esta manera, transitando entre la casa, la universidad, el
trabajo y los domingos a la institución religiosa; esperando instrucciones
divinas a través de los líderes religiosos, alejándose de los que son distintos
a ellos y muchos juzgándolos, creyendo que entre más tiempo pasen en el templo
religioso más agradan a Dios; hasta el momento hemos descrito un modelo de
creyente muy religioso que pudiéramos categorizar de “sólido” de acuerdo al
planteamiento de Bauman.
En América Latina se observa que la mayoría
de los conflictos internos de la Iglesia son producto de una contradicción
entre una lógica institucional y una
actitud profética. (Houtart, 2008, 119)
Todo
sistema para preservarse y reproducirse debe poseer prácticas
institucionalizadas, no solo los ritos son parte de ello sino también el orden
jerárquico, conductas y las formas de establecimiento de vínculos afectivos
entre sus miembros; discrepar con este orden institucional no es algo fácil
primero por la naturalización de las relaciones de dominación, segundo por las
consecuencias negativas que significa oponerse a dicho orden. La revelación
profética debe provenir de parte de Dios y estar en concordancia con el texto
bíblico, los grandes profetas fueron condenados por la religión instituida y
respetados por el pueblo fuera de estos círculos de poder. Entre más inmerso
esté un religioso en las actividades de su iglesia, más difícil será que el
mismo cuestione dichas prácticas y las resignifique ante las demandas de la
revelación profética o de crisis sociales que pueda estar atravesando la
institución religiosa que dirige.
Muchas
de las Iglesias Evangélicas han tenido un crecimiento exponencial en las urbes,
adquiriendo un número de miembros superior al que permite el espacio físico de
la congregación, muchas de ellas han tomado la iniciativa de realizar más de una reunión religiosa, lo que
dificulta la positiva interacción y comunión entre sus asistentes, la búsqueda
de ayuda y orientaciones sobre el manejo de sus malestares y dificultades en el
desarrollo de su vida como creyentes; por ende una iglesia con amplio número de
integrantes pudiera ser un espacio de normas más frágiles pero paralelamente es
un escenario más propenso al desarrollo del individualismo.
Para
las generaciones modernas ya no basta con decirles que el sexo fuera del
matrimonio es pecado, necesitan más respuestas y otros lenguajes para poder
transmitirles este principio bíblico. Sexo, drogas, pornografía, video juegos,
música, cine, deportes, tecnología, soledad, noviazgo, matrimonio, divorcio y más son temas que los jóvenes cristianos
tienen la necesidad de conversar; la cantidad de estímulos que reciben de la
sociedad sobre estos tópicos es mucho mayor que la que recibieron la mayoría de
sus líderes o pastores pertenecientes a la generación anterior, por ende evidenciamos
un conflicto generacional para el acercamiento y asertivo abordaje a conflictos
y control de pulsiones; muchas de las
iglesias no han visibilizado estas necesidades y las que lo han hecho no han
logrado las maneras más efectivas para abordarlas y dar los insumos necesarios
para disminuir los malestares, frustraciones y dependencias que cada uno de
ellos puedan tener ante esas dudas, dificultades o males con los que se
enfrentan regularmente. A las generaciones religiosas jóvenes ya no les basta el
discurso de que “Dios le ama”, necesitan experimentarlo a través de la
comunidad que dice creer en ese Dios.
Así
como hay generaciones de religiosos evangélicos que se dedicaron a condenar y
mandar al infierno a cuanta persona no apoyara su doctrina religiosa; existen
nuevas generaciones que tienen concepciones distintas y más respetuosas por
esos otros seres humanos que poseen otras creencias; aun cuando el propósito de
los religiosos tradicionales y los modernos sea el mismo (que otras personas
crean en su Dios) las estrategias y maneras de acercarse a ellos cambian, lo
que empieza a generar más rupturas sobre la concepción de Dios y la religión
cristiana evangélica.
Concebir
a una agrupación de música “thrash metal” cristiana sigue siendo difícil de digerir
para un cristiano tradicional y más si se le suma cabellos largos, despeinados,
ropa negra, cadenas y hacer conciertos en bares y no en iglesias, en la
actualidad en Caracas se encuentran al menos dos agrupaciones de este tipo que
manifiestan desarrollar el trabajo que Dios les ha encomendado y han podido
sumar personas con estos gustos a su creencia a través de esta labor.
Concebir
una agrupación de música ska y reggae, rock and roll, salsa, hip hop y otros
géneros sigue siendo difícil de concebir para muchos, pero ya empiezan a
popularizarse y a ser mejor aceptadas por la comunidad religiosa.
Faltar
a la Iglesia un domingo por ir a practicar deportes o compartir con compañeros
de trabajo y verlo como espacios donde pueden hablar de su fe, son decisiones
que empiezan a popularizarse cada vez más entre la juventud evangélica.
Encontramos
entonces nuevas generaciones de creyentes evangélicos que están inquietos por tener
una relación con Dios fuera de la institución religiosa, que lo quieren hacer desde
su individualidad, que buscan conversar y desarrollar proyectos
“evangelísticos” con personas que manejen tanto sus inquietudes como sus
lenguajes y disposición de trascender los muros del tradicionalismo, muchos de
estos jóvenes están sustentados por sus interpretaciones bíblicas y en algunos
casos por revelaciones proféticas, muchas de sus iglesias no los comprenden,
muchos de ellos no se atreven a asumir el riesgo de salir del relativo confort
que genera la institución religiosa tradicional. Jimmy Long cita a G.K.
Chesterton con: “La tradición es la fe viva de aquellos que ya han muerto. El
tradicionalismo es la fe muerta de aquellos que están vivos” (Long, 2006, 21);
el propósito del cristianismo es que puedan matar sus deseos carnales para que
Dios les permita generar frutos espirituales y eso se logra a través de la
comunión con ÉL y el cumplimiento de sus escrituras; cuando empiezan a importar
más la institución y sus normas que Dios, se pierde el propósito espiritual de
la iglesia y esto es algo que muchos jóvenes reclaman en la actualidad.
El
sistema mundo, sus medios de comunicación y redes sociales han sido
determinantes en la constitución de las personalidades e iniciativas de la
juventud evangélica que se encuentra inconforme con el modelo religioso
tradicional de esta fe; ya la interacción no se limita al templo físico, sino
virtual y me atrevería a decir que en muchos casos este último le está ganando
la batalla al templo espiritual que se da en la comunión íntima con Dios y con
aquellos los otros creyentes.
Para
concluir consideramos que hay un fuerte malestar e incomodidad por el estilo de
vida actual, hay muchas personas que siguen buscando la felicidad en el dinero
y consumo de productos que el sistema les ofrece; existen otros que están
teniendo un desencantamiento progresivo por estas ofertas de felicidad y se
están atreviendo a innovar para conseguir su desarrollo espiritual. En la
iglesia cristiana evangélica también está presente el grupo de personas
resignado a la vida y opción de felicidad
del sistema tradicional y está el grupo de aquellos que están buscando
experimentar a Dios de nuevas maneras. La modernidad ha afectado la solidaridad
y espiritualidad hasta en los grupos más dedicados a ello y se las ha cambiado
por individualidad y dependencia tecnológica; mientras haya vida hay esperanzas
de transformar, la felicidad es una decisión diaria.
Mariano Montilla
(Junio 2015)
Referencias
Bibliográficas
- Bauman,
Zygmunt. (2004). “Modernidad Líquida”. Fondo de Cultura Económica.
Argentina.
- Beriain,
Josetxo. (2000). “La lucha de los dioses en la modernidad”. Anthropos
Editorial. España
- Freud,
Sigmun. (1929) “El Malestar en la Cultura”. Documento digital.
http://goo.gl/RW4qHj
- Gergen,
Keneth (2001) “El yo saturado, los dilemas de la identidad en la vida
contemporánea”. Nueva York. E.U.
- Houtart,
Francois. (2008). “Sociología de la Religión”. El Perro y la Rana.
Caracas, Venezuela.
- Long,
Jimmy. (2006). “Esperanza en una era de cinismo”. Editorial Patmos.
- Touraine,
Alain. (2005). “Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy”.
Ediciones Paidós Ibérica S.A. España.
- Simmel, George en Bassols, Mario. Donoso,
Roberto. Massolo, Alejandra. Méndez, Alejandro. (1988) “Antología de
Sociología Urbana” Compilación. UNAM. México.
Referencias
Musicales
- Drexler,
Jorge. (2014). “Data data”. Álbum: Bailar en la Cueva.
- Páez,
Fito. (1998) “La Vida Moderna”, Álbum: Enemigos Íntimos.
Puedes leerlo también en Ssociólogos: http://ssociologos.com/2015/07/15/la-modernidad-tambien-afecto-a-la-iglesia-evangelica/


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