Historia introductoria
Hace muchos años un hombre muy
culto teológicamente se acercó al Maestro y le dijo: “Maestro sabemos que vienes de Dios,
porque las cosas que tú haces, solo son posibles para alguien enviado por ÉL.”;
el Maestro le respondió: hombre, es necesario nacer de nuevo para ver el reino
de Dios.
El hombre aunque culto, se
encontraba confundido y le preguntó al Maestro: ¿Cómo puede uno nacer cuando ya
es viejo?; El Maestro sabiamente le explicó que es necesario nacer del agua y
del Espíritu, aquellos que así nacen "son como el viento, que sopla por donde
quiere, y aunque oyes su ruido no sabes de donde viene ni a donde va."
Este sabio hombre seguía sin entender;
El Maestro le dice: “¿Tú que enseñas sobre Dios, no sabes estás cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que
sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen lo que
les decimos.”
Historia propia
El pasado viernes tuvimos una
hermosa reunión, entre sus propósitos se encontraban fortalecer dos grandes mandamientos: “Amar
a Dios y Amar al prójimo”; entre las muchas bendiciones que ocurrieron, todos los presentes relataron cómo fue su primer encuentro con Dios, siendo un factor común que
al igual que en el “hombre culto”, que cada persona se
encontró con la religión primero y después de diversos procesos e incluso después de años,
conocieron al Dios vivo que ya creían conocer; cada uno manifestó seguir sorprendiéndose de cada faceta
suya y de la magnitud de su íntegro amor.
El hombre culto de la historia, en
la Biblia aparece como Nicodemo, en el Capítulo 3 del libro de Juan; creo que muchos hemos sido Nicodemo y nos cuesta “nacer de nuevo”, y vivir
como el Espíritu dicta que vivamos.
Muchos de nosotros hablamos y
enseñamos sobre Dios, pero pocas veces nos detenemos a compartir con ÉL y atrevernos a conocer sus distintas facetas. Muchas veces se nos olvida que sus palabras no solo son para repetirlas, sino para vivirlas y que acercarte a otras personas
para compartir su amor no es un favor que ÉL pide, sino un deber.
Reconocer las señales de Dios no
es suficiente para salvarnos, ni para amarle; entre más tiempo estemos con ÉL, más
fe le tendremos, más milagros presenciaremos y más desprendidos de este dañino materialismo viviremos, lo cual llena de una paz inexplicable; porque como bien saben “el perfecto
amor echa fuera todo temor” (1Juan 4:18).
Sino nacemos de nuevo no seremos como el viento!
Sino nacemos de nuevo no seremos como el viento!
Mariano Montilla


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