domingo, 6 de diciembre de 2015

Como El Viento

Historia introductoria
    Hace muchos años un hombre muy culto teológicamente se acercó al Maestro y le dijo: “Maestro sabemos que vienes de Dios, porque las cosas que tú haces, solo son posibles para alguien enviado por ÉL.”; el Maestro le respondió: hombre, es necesario nacer de nuevo para ver el reino de Dios.

     El hombre aunque culto, se encontraba confundido y le preguntó al Maestro: ¿Cómo puede uno nacer cuando ya es viejo?; El Maestro sabiamente le explicó que es necesario nacer del agua y del Espíritu, aquellos que así nacen "son como el viento, que sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido no sabes de donde viene ni a donde va."

     Este sabio hombre seguía sin entender; El Maestro le dice: “¿Tú que enseñas sobre Dios, no sabes estás cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen lo que les decimos.”



Historia propia
    El pasado viernes tuvimos una hermosa reunión, entre sus propósitos se encontraban fortalecer dos grandes mandamientos: “Amar a Dios y Amar al prójimo”; entre las muchas bendiciones que ocurrieron, todos los presentes relataron cómo fue su primer encuentro con Dios, siendo un factor común que al igual que en el “hombre culto”, que cada persona se encontró con la religión primero y después de diversos procesos e incluso después de años, conocieron al Dios vivo que ya creían conocer; cada uno manifestó seguir sorprendiéndose de cada faceta suya y de la magnitud de su íntegro amor.

     El hombre culto de la historia, en la Biblia aparece como Nicodemo, en el Capítulo 3 del libro de Juan; creo que muchos hemos sido Nicodemo y nos cuesta “nacer de nuevo”, y vivir como el Espíritu dicta que vivamos. 

     Muchos de nosotros hablamos y enseñamos sobre Dios, pero pocas veces nos detenemos a compartir con ÉL y atrevernos a conocer sus distintas facetas.  Muchas veces se nos olvida que sus palabras no solo son para repetirlas, sino para vivirlas y que acercarte a otras personas para compartir su amor no es un favor que ÉL pide, sino un deber.
   
     Reconocer las señales de Dios no es suficiente para salvarnos, ni para amarle; entre más tiempo estemos con ÉL, más fe le tendremos, más milagros presenciaremos y más desprendidos de este dañino materialismo viviremos, lo cual llena de una paz inexplicable; porque como bien saben “el perfecto amor echa fuera todo temor” (1Juan 4:18).

Sino nacemos de nuevo no seremos como el viento!



Mariano Montilla
06/12/15

Más fotos aquí: https://goo.gl/lQFcEG

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