A veces Dios te incomoda a dejar
ciertas cosas que te gustan, para realizar otras que serán de mayor bendición
no solo para ti, sino para quienes te rodean. Puede empezar como una pequeña
intriga, puede ser una grave crisis, puede ser una apasionante necesidad de
servir en otra área, algo que sabes que debes llevárselo en oración y conversarlo
un buen rato.
Hace algún tiempo dejé de realizar
una de las cosas que más disfruto en mi vida como cristiano: tocar
el bajo eléctrico. Resulta que sintiendo infelicidad en eso que me hace feliz; transitando una Caracas tan cabilla y tan necesitada de amor; estando entre personas que buscan a
Dios de otras maneras aun cuando muchas veces lo nieguen; valorando más acompañar
en una plaza o bar a gente que quiero, que estar ensayando 4 canciones
para el domingo; llegando a casa a media noche en bicicleta, luego de vivir como quienes me rodean conocen un poco del Cristo vivo que la religión suele
esconder, estas inquietudes sumadas a otros procesos personales, me condujeron a orar y pedirle a Dios me que mostrara ¿cómo es eso
de que “su yugo es fácil y su carga ligera”? (Mateo 11:30); muchas respuestas y
decisiones que cobran sentido con ÉL, en ÉL y para ÉL y que siguen trayendo
enormes retos y bendiciones a mi vida.
Cambié el techo con aire
acondicionado, por un sitio donde la sombra es fruto de los árboles acompañada por una brisa
irregular; donde pocas veces hay instrumentos musicales pero no faltan los
cantos de alegría y agradecimiento por lo que Dios nos da; cambié mis domingos en un mismo sitio por visitar varios hogares, manejar bicicleta; incluso por entender de nuevas
formas, que la Iglesia es un cuerpo conformado por personas y no se limita a las
categorías evangélicas, en las cuales no solo intentamos aprisionarnos a nosotros,
sino al mismo Dios.
No está mal ni el techo, ni el aire acondicionado, ni el
uso de corbata; cada persona sirve a Dios con lo que tiene y lo mejor que
puede; eventualmente toco el teclado o guitarra en un lugar así, donde hay gente maravillosa y sedienta de su presencia. Planteo que me atreví a llevarle mis inquietudes, a decidir abandonar algunas cosas, a emprender un camino algo incierto, para lo que la cultura asocia
con el deber ser.
En el último año solo sueno el bajo en nuestra habitación, y ÉL me sigue hablando, quebrantándo y restaurándo mi corazón. ¿Cuesta dejar de hacer lo que te
gusta, dejar de frecuentar gente y lugares que amas?, claro que cuesta un poco,
pero la desesperación de saber que no estás haciendo lo que debes, es superior.
Sigo disfrutando y reaprendiendo: sus enseñanzas; que su yugo es fácil y su carga ligera; que ÉL se fortalece en mi debilidad; que los sanos no tienen necesidad de médico; que nos mandó a amar a la gente como ÉL lo hizo; que de la obediencia se desprenden bendiciones y sigo entre otras cosas comprendiendo, que no estamos solos en los distintos procesos.
Sigo disfrutando y reaprendiendo: sus enseñanzas; que su yugo es fácil y su carga ligera; que ÉL se fortalece en mi debilidad; que los sanos no tienen necesidad de médico; que nos mandó a amar a la gente como ÉL lo hizo; que de la obediencia se desprenden bendiciones y sigo entre otras cosas comprendiendo, que no estamos solos en los distintos procesos.
Bendito Dios por cada incomodidad en mi vida!
Nota: Luchando contra varios prejuicios me atreví a experimentar y hacer mis primeros autorretratos, los considero un poco arrogantes pero muestran algo de mí.
Mariano Montilla
18.01.2016



Maravilloso tu, linda reflexión y maravilloso el Señor que tiene formas poco convencionales de hablarnos y ponernos a trabajar. El gozo del Señor es único, en cualquier circunstancia. Disfrútalo. Cuida la ortografía. Un beso grande y mil bendiciones.
ResponderEliminarAmeen Titi querida! Gracias por tus bendiciones, comentarios y sugerencias; te pediré el penoso favor de que me indiques los errores ortográficos, revisé y no los vi!
EliminarUn gran abrazo, saludos y bendiciones en casa! Se les quiere!!
Me hizo pensar en la frase del pastor Héctor... lo que te anima, ¿te desanima?, pero en este caso no sólo por ver que algo que te apasionaba se volvió parte de una rutina de ensayos, sino también porque a veces nos aferramos a eso sin darnos cuenta de que Dios nos puede tener algo distinto y maravilloso. Sé que no es sencillo cambiar un techo "sólido" por unas hojas de árbol que incluso caen con la brisa, pero bien apuntas a que aún en ese lugar no hacen falta muchas cosas, porque agradecimiento, cantos, y la presencia del Señor está.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
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EliminarMuchísimas gracias por tu reflexivo comentario. Esa prédica "lo que te anima, ¿te desanima?", me impactó precisamente por el costo o desgaste que se puede sufrir en la obediencia a lo que Dios nos está pidiendo, donde las circunstancias no siempre son a nuestro favor.
EliminarLa Biblia expresa en Hebreos 10:38: "Más el justo vivirá por fe"; nuestra vida incluye ese don de Dios que es la fe, la cual se alimenta por el oír y practicar Su palabra, requiriendo esfuerzo y humildad para entender que depende de Su ayuda porque con nuestras fuerzas no podemos. Dios tiene grandes cosas para nosotros, pero que requieren esfuerzos y en las cuales habrán circunstancias que nos transformarán para parecernos un poco más a ÉL.
De alguna manera quise proponer en el artículo que tengamos una mayor dependencia de Dios, en la cual ÉL nos indica lo que debemos hacer ante cada circunstancia. Bendiciones!