Fue un miércoles, salí de la oficina y llegué temprano a Plaza Venezuela; la morena ya estaba allí con un morral pesado, habían realizado un operativo de venta de comida en su trabajo y fue beneficiada, conversamos sobre su viaje de mochilera a Mérida en Semana Santa, el disfrute, las caminatas, los acompañantes que se suman al camino, el frío, la comida, la valentía de hacerlo con poco dinero, la felicidad de asumir nuevos retos.
Cerca de las seis de la tarde, interrumpe visualmente nuestra conversación un hombre ofreciendo con su mano derecha una bicicleta de alambre, al tener poco dinero, rechazo inmediatamente la propuesta, la belleza del objeto, ya se había detenido en mi mente y me inquieta a preguntarle el costo, el artesano responde: “cuatrocientos bolívares”, emocionado le dije que se la compraba y le ofrezco el producto a las personas que me rodeaban, quienes también desearon bicicletas de ese tipo. El artesano buscó más alambre, mientras trabajaba comentó que había estudiado orfebrería y cerámica, que siempre se encontraba en Plaza Venezuela, que ese objeto que estaba elaborando se realizaba con una pieza de alambre, sin ningún empate; compartió algunas reflexiones sobre su vida y experiencias como artesano, le advertimos que llegarían más ciclistas esa noche, por ser la Plaza Venezuela el punto de encuentro de la Masa Crítica Caracas.
Freddy Leopardi es el nombre del artesano, asumo algunas de mis palabras le llevaron a preguntarme sobre la “religión” que practico; al responder que era cristiano me dijo que él también, que asistía a una iglesia en Petare, y que le agradaba <<un poco>> la gente del “Evangelio Cambia”. Mientras llegaban más ciclistas a la Plaza, Freddy buscaba trabajar lo más rápido posible para cubrir todos los pedidos que surgieron esa tarde, y aunque no pudo complacer todas las peticiones, al menos cuatro bicicletas vendió en esa oportunidad. Salimos de allí, disfrutamos esa brutal “Masa Crítica” que llegó hasta Las Mercedes, donde además del habitual sano compartir, señalizamos sobre el pavimento en lugares conflictivos de la ciudad, el tránsito de ciclistas.
Esa noche no solo lleve a mi casa una obra de arte en alambre, esa noche conocí a otro valioso ser humano del cual tenemos mucho que aprender. El domingo siguiente vendió par de bicicletas más, en la antesala a la Masa Crítica dominguera.
A Freddy, lo he visto trabajando cerca del metro de Parque Carabobo, sugiero salúdenlo, bendíganlo, aprecien y si pueden adquieran una gota de su arte. Salir de nuestra zona de confort, tiene sus riesgos y bendiciones...
Un fuerte abrazo,
Un fuerte abrazo,
Mariano Montilla
20/04/16


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